Los achaques

El cuerpo se acostumbra a todo y también a tener achaques, Hoy me duele aquí y mañana allí. En realidad no está clara mi dolencia, pero ahí está, haciendo de las suyas, creando inquietud y preocupación. Porque los achaques son desgraciadamente unos incómodos compañeros de viaje. Allá donde vamos nos acompañan de manera inseparable. Les da igual la cuidad o el campo, la montaña o la playa. Permanecen fieles a nuestro lado para que no nos olvidemos de ellos.

Al principio sólo incomoda su presencia, luego nos importunan tanto que nos gustaría poder aniquilarlos, pero ahí continúan sin inmutarse, y poco a poco se aposentan en nuestro cuerpo a modo de okupas viandantes para seguir acompañando y compartiendo nuestras experiencias de vida.

Curiosamente acabamos aceptándolos porque no nos queda otra, y cuando desaparecen transitoriamente los echamos en falta. Eso sí, con la esperanza de que no vuelvan a aparecer en mucho tiempo, aunque siempre regresan para seguir ocupando su espacio. Siendo conscientes de ello, no nos queda más remedio que darles la bienvenida y continuar con ellos el camino emprendido, sabiendo que hemos aprendido a dar cobijo de por vida a los más temidos ¡los achaques!

By Lola Velasco

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